Villanueva del Flipao
Pardillo es la palabra que, en cierto contexto, contiene mayor concentración de desprecio por letra del vocabulario español. Detesto esa palabra. Es la palabra que define unívocamente al que la pronuncia con un apelativo menos despectivo, aunque mucho más lamentable: flipao/a (aka malote/a). Porque el pardillo (aka pringao) no hace daño a nadie, y, de hecho, en el 99% de los casos, el sujeto ni siquiera encaja con el adjetivo. El flipao desprecia a todos los demás, porque es egoísta, dominante, insolidario, posesivo, no cumple las normas básicas de convivencia y suele resultar violento y peligroso. Pero ser flipao está de moda, o eso nos quieren meter por los ojos la televisión y las revistas de adolescentes. Respetar al prójimo es de pardillos. Pero ¡cuidado! Graban sus machadas en vídeo y las cuelgan en La Red, y una nueva generación les sigue el juego. Por supuesto, esto no es culpa de La Red: los adolescentes son tan influíbles que la proporción de estos energúmenos se está desbordando, y nadie mueve un dedo para evitarlo.



