Corazón Espinado
El cactus. Ese ser verde con pinchos, que nos ofrece su fiel compañía. Nunca dice nada, pero nosotros sentimos su calor, su mirada tierna, su apoyo desinteresado, sin pedir nada a cambio, le basta con vernos felices, y un poco de agua cada mes. Así son ellos. No sé porqué, pero tiene un encanto especial, comparable al de los cachorritos, que consiguen arrancarle un ¡oooh, qué mono! al tío más duro del planeta. Será por su aspecto indefenso, que sí, que tiene púas, pero ¿qué más da? Nadie es perfecto. Podéis dejar vuestros comentarios sobre la causa de este extraño amor, que supera en exotismo al de las peras con las manzanas. A todos los cactus del universo, ¡os quiero!


